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Falso

Martes, 07 Julio 2020

El ‘estudioso inglés’ David Icke miente sobre COVID-19 y 5G

Por José Felipe Sarmiento

El exfutbolista niega la existencia de la enfermedad y le atribuye la pandemia a la tecnología 5G, a pesar de que la evidencia científica contradice sus argumentos.

Varias entrevistas del programa de televisión británico ‘London Real’ le han servido a David Icke, un exfutbolista que desde principios de los 90 se dedica a la difusión de teorías conspirativas, para hacer virales sus ideas sobre la pandemia de COVID-19.

Cadena de WhatsApp con transcripción traducida de entrevista a David Icke

Una de estas conversaciones del “estudioso inglés” con el presentador Brian Rose fue reseñada en una nota del diario argentino Crónica, que circuló por Facebook en Colombia y fue reportada como posiblemente falsa. El último párrafo compara a científicos y artistas de otros tiempos con el escritor conspiracionista, que promueve la creencia en que la Tierra es gobernada por una hermandad descendiente de reptiles que llegaron de otra dimensión:

Cuando Leonardo Da Vinci hizo extraordinarias obras muy adelantadas a sus tiempos, lo miraron con admiración y, a la vez, con mucho temor. Cuando Julio Verne escribió que el hombre llegaba a la Luna o que navegaba en un submarino en tiempos en los que era impensado, lo trataron como a un alocado escritor de ciencia ficción. A Tesla, a Edison y al mismísimo Einstein se los ha catalogado con distintivos poco creíbles. Icke hace una lectura casi apocalíptica de lo que podría ser el futuro a mediano plazo de la humanidad. Totalmente diferente a la actual. Probablemente no tengan mucho asidero sus aseveraciones. Pero, por las dudas, no deje de leerlo.

Nota de Crónica sobre una entrevista en la que David Icke habla de COVID-19 y 5G

Colombiacheck revisó los principales planteamientos del exjugador sobre la nueva enfermedad respiratoria que replica el escrito y encontró que son falsos, porque contradicen la evidencia científica sobre el coronavirus SARS-CoV-2 y las redes de comunicaciones de quinta generación (5G). Además, un chequeo del portal de verificación griego Ellinika Hoaxes, que forma parte de la alianza internacional #DatosCoronavirus, ya había desmentido algunas de las afirmaciones del entrevistado.

David Icke (D.I.): “Como no encontraban la causa, decidieron decir que se trataba de un virus y le dieron el nombre de Covid-19. Pero en ningún momento aislaron el virus del material genético”.

La supuesta base de su afirmación son los primeros estudios que se hicieron cuando se detectó el brote de una nueva enfermedad respiratoria de causa desconocida en Wuhan, China, a finales de 2019. Científicos de ese país analizaron material genético obtenido de los pulmones de algunos pacientes por lavado broncoalveolar, una técnica en la que se inyecta agua estéril a través de un broncoscopio y se vuelve a extraer para detectar la presencia de infecciones, sangrado o incluso cáncer.

El proceso está descrito en un artículo publicado en febrero por el Equipo Chino de Investigación sobre el Nuevo Coronavirus, cuya autora principal es la doctora Na Zhu del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades. Lo que dice el documento es opuesto a la afirmación de Icke. El nuevo coronavirus fue aislado a partir de esas muestras, se le puso el nombre provisional nCoV-2019 y se documentó su parecido a otros virus de la misma familia que son comunes en algunas especies de murciélagos.

El genoma fue identificado por primera vez en diciembre en Wuhan. Incluso han sido rastreados sus cambios alrededor del mundo. Como lo contó Colombiacheck en un explicador, esto es necesario por la alta capacidad de mutación de los virus. La primera secuencia que llegó a Colombia fue descrita a finales de marzo. Lo mismo habían logrado España días antes e Italia en febrero. Incluso dentro de China hubo variaciones, como lo contó un reportaje del diario estadounidense The New York Times.

De modo que el nuevo coronavirus, ahora llamado SARS-CoV-2, sí ha sido aislado, estudiado y descrito detalladamente por la comunidad científica internacional. La COVID-19, por su parte, es la enfermedad causada por él. Icke, pese a ser tan “estudioso”, confunde los dos conceptos.

Crónica (C.): “Así, Icke habló del test que detecta la enfermedad, indicando que en realidad este sistema de detección lo que realmente hace es encontrar material genético compatible con lo elaborado y no específicamente lo que se llama Covid-19, por lo que el resultado positivo podría ser por muchas causas”.

De nuevo, Icke confunde la COVID-19 con el virus que la causa. Pero, además, argumenta que las pruebas para diagnosticar la enfermedad en realidad detectan “exosomas”, que son cápsulas que viajan entre las células con material genético y sirven como mensajeros entre ellas en diferentes situaciones. Según él, esto permite presentarlos como si fueran genes de SARS-CoV-2, una desinformación que ya desmintió Colombiacheck en otro chequeo.

El genoma del virus, como ya se dijo en el punto anterior, ha sido identificado en diferentes partes del mundo. La guía de testeo del Laboratorio de Medicina de la Universidad de Washington explica que las pruebas PCR están diseñadas para identificar partes de la secuencia genética que son únicas en este coronavirus, de modo que esa especificidad impide que den positivo incluso con otros patógenos similares.

C.: “Lo curioso que detalla el escritor es que, al dar a conocer los test, [Kary] Mullis [creador de las pruebas], ganador del Nobel de Química y que falleció en 2019, expresó que ‘el test no debe ser utilizado para diagnosticar enfermedades infecciosas’”.

Colombiacheck no encontró registros de que el bioquímico estadounidense Kary Mullis, que en efecto obtuvo el Nobel de Química de 1993 por esa invención y falleció en agosto de 2019, hubiera dicho lo que le atribuye el texto. La frase no está por ninguna parte en su sitio de internet oficial ni aparece al hacer una búsqueda por términos claves en Google.

Un chequeo de la agencia Reuters encontró que el verdadero origen de la cita es un artículo de 1996 escrito por un negacionista del VIH, John Lauritsen, en su sitio de internet dedicado a desvirtuar la demostrada existencia del virus del sida. El texto critica las pruebas para detectarlo con argumentos similares a los de Icke sobre las de COVID-19, pero nunca se refiere a enfermedades infecciosas en general.

Mullis tampoco creía en el virus de inmunodeficiencia humana a pesar de que ya había suficiente evidencia científica desde los años 80 (sus descubridores recibieron el Nobel en 2008), como recordó el diario El País de España en su obituario. Por eso la vieja nota cita las críticas del científico norteamericano al uso de una variante de las pruebas PCR que él inventó para cuantificar la carga viral en personas contagiadas. Aun así, esas referencias tampoco negaban su utilidad para detectar otras infecciones.

Por el contrario, lo que sí hay es evidencia que controvierte la afirmación. En 2004, los investigadores Samuel Yang y Richard Rothman de la Universidad Johns Hopkins publicaron un artículo en la revista científica The Lancet sobre los usos de la PCR para el diagnóstico de enfermedades infecciosas, incluyendo ensayos con diferentes virus.

En la Nottingham Trent University, la biomédica Selma Souf profundizó sobre los avances para la virología con una revisión de literatura de 2016. Para entonces, este tipo de pruebas se habían convertido en el estándar máximo para detectar la hepatitis B y habían sido usadas para infecciones respiratorias similares a la COVID-19: el SARS de 2003, que es como su hermano mayor por el parecido de los virus; la influenza H1N1, incluida la cepa pandémica de 2009, y el MERS de 2012, un primo causado por otro coronavirus.

Esto demuestra que la supuesta cita de Mullis, además de apócrifa, es falsa.

D.I.: “No está muriendo mucha más gente, simplemente se la está reasignando como muertos por Covid-19”.

El reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la pandemia hasta el 7 de julio registra 535.759 muertes confirmadas en todo el mundo por COVID-19. Las estadísticas de diferentes lugares demuestran que sí ha habido un aumento, en algunos casos drástico, de la mortalidad en lo que va de 2020 frente al promedio del mismo periodo en años anteriores.

No todos los decesos adicionales son atribuibles al virus, pues, por ejemplo, hay personas con otras enfermedades que también fallecen por falta de atención cuando los sistemas de salud colapsan o que dilatan la espera antes de acudir a los hospitales por miedo al contagio. No obstante, las cifras sí evidencian el impacto de la emergencia sobre la mortalidad en algunos lugares.

Por ejemplo, un informe del diario El País de España contó que ese país debía llevar 143.000 fallecimientos al finalizar mayo, pero en abril ya había llegado a 185.000 registros. Solo entre el 1 de marzo y el 24 de mayo, hubo 43.749 muertes por encima de las esperadas, un aumento de 46 por ciento. De estas, al menos 27.934 fueron por COVID-19.

El New York Times ha hecho un trabajo continuo de recopilación de estos datos en diferentes países. En Estados Unidos, el aumento fue de 23 por ciento entre el 15 de marzo y el 9 de mayo. En el Reino Unido, 53 por ciento entre el 14 de marzo y el 22 de mayo. En Italia, 42 por ciento de marzo a abril (según otro reportaje del mismo diario, Bergamo puede ser la ciudad más golpeada del mundo, pues los decesos en marzo fueron equivalentes a 6,7 veces los de un mes promedio).

Por el lado de Latinoamérica, el periódico estadounidense incluye a Perú con 81 por ciento de abril a mayo, Ecuador con 57 por ciento de marzo a mayo, cinco ciudades de Brasil con 47 por ciento del 29 de marzo al 2 de mayo y Chile con 8 por ciento de marzo a mayo.

Los países donde la cantidad de muertes no ha presentado excesos han tenido otros factores que contribuyen a ese resultado, como la toma de medidas tempranas y severas para contener la epidemia. Este sería el caso de Finlandia, Dinamarca o Noruega.

Colombia, que ha registrado 4.359 muertes por COVID-19, también estaba en una situación parecida hasta el último corte de cuentas del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) sobre defunciones. Los datos corresponden al primer trimestre de este año, cuando apenas iban 30 fallecimientos en el país por esa causa confirmada, según la base de datos del Instituto Nacional de Salud (INS).

Aunque hasta el 31 de marzo había habido un ligero aumento en muertes naturales frente a los máximos alcanzados en años recientes para el mismo periodo, la reducción en otras causas, como homicidios o accidentes, había sido mucho mayor. Por esa razón no se notaba un exceso de mortalidad general en el país.

Sin embargo, hay que recordar que la epidemia todavía está en fase de aceleración y los meses posteriores han sido más críticos, sobre todo en algunas ciudades. Lo que pasa es que todavía se desconocen las estadísticas generales de mortalidad en esos periodos.

En todo caso, sí se está muriendo más gente de lo normal en muchos lugares por cuenta de la pandemia de COVID-19. Icke niega una realidad evidente.

C.: “Según detalla Icke en la entrevista, los más poderosos (los de más arriba de la pirámide, en su traducción del inglés) les indican a los médicos que cuando alguien ingrese a los hospitales con algún síntoma similar al virus y fallezca, en su acta de defunción deben detallar que fue por el Covid-19”.

La OMS tiene una guía internacional para la certificación y clasificación de los fallecimientos por esta pandemia. Allí define la muerte por esta enfermedad como la resultante de un cuadro “clínicamente compatible, en un caso probable o confirmado de COVID-19, a menos que haya una clara causa de muerte alternativa que no que no pueda relacionarse con la enfermedad por coronavirus (por ejemplo, trauma)”.

Como lo explica el chequeo griego, esto excluye una posibilidad que plantea Icke en la entrevista: que alguien se caiga por las escaleras, dé positivo para COVID-19 y lo registren como muerto por la pandemia. En esa situación, la enfermedad se incluye en un campo diferente del formulario pero no queda clasificada como causa de la muerte. Es decir, una cosa es morir “por” y otra morir “con” esta infección.

Ejemplo de registro de defunción de persona con COVID-19 por otra causaEjemplo de registro de defunción de persona con COVID-19 por otra causa

También se dan los casos en los que la COVID-19 complica enfermedades preexistentes o deriva en otras nuevas. Para eso, los certificados detallan el orden de aparición de cada una de las causas de muerte.

Ejemplo de registro de defunción por COVID-19 entre otras causasEjemplo de registro de defunción por COVID-19 entre otras causas

En Estados Unidos, donde ha ocurrido uno de cada cuatro decesos por la pandemia en el mundo, la guía oficial del gobierno para el reporte de estas defunciones tiene la mismas instrucciones. También coinciden con las dadas por los protocolos del Ministerio de Salud de Colombia, en el segundo párrafo de la página 18.

La teoría del conspiracionista británico queda descartada otra vez.

C.: “Desde hace tiempo se sabe que la llamada 5G es una fuente tremendamente poderosa de energía electromagnética que nunca antes se había alcanzado o conocido. Es que no se trata de un simple salto del 4G a una nueva red (que ya de por sí es malo por la carga energética que produce en cada uno de nosotros).

“David Icke señala que se trata de una nueva gama en el espectro electromagnético, de ondas métricas, y muchísimo más poderoso que nada que ya se haya visto antes. ‘El ser humano tiene niveles de organismos eléctricos electromagnéticos y cuando ese campo está equilibrado estamos sanos’, resalta el británico.

[...]

“El 5G se introdujo, luego de años de desarrollo, en países tecnológicamente avanzados en las ciencias en 2019, a pesar de que muchos doctores, investigadores y científicos pidieran que se detuviera esta tecnología, debido a que no había sido testeada y nunca midieron cuál es su impacto en la salud humana, en especial en el aspecto psicológico. Aun así, nunca realizaron los test pertinentes, porque, si esto sucedía, jamás hubiese estado permitida la instalación de las antenas”.

Después de teorizar sobre mal sobre bioquímica, el entrevistado pasa a hacer lo mismo con las telecomunicaciones. Los conceptos y la historia en estos párrafos están errados. La ciencia, de nuevo, contradice sus afirmaciones.

Las ondas métricas no son nuevas. Por el contrario, son las mismas de VHF (siglas en inglés de ‘frecuencia muy alta’), de acuerdo con la nomenclatura de la Unión Internacional para las Telecomunicaciones (UIT). Se llaman así porque tienen entre 1 y 10 metros de longitud. Son utilizadas para la transmisión de radio y televisión y sus primeras regulaciones internacionales datan de los años 60, como recordó el ingeniero brasileño especialista en telecomunicaciones Fabio Leite en una conferencia del organismo multilateral en 2015.

Las frecuencias en esta banda del espectro electromagnético van de 30 a 300 megahertz, un rango inferior a los que se tienen contemplados para el uso de la tecnología de quinta generación. Según el Plan 5G Colombia del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, las franjas contempladas para este uso están por encima de los 600 MHz tanto a nivel nacional como en Europa, Estados Unidos y otros países en Latinoamérica.

La Asociación GSM, agremiación mundial de operadores móviles, tenía previsto desde 2016 que la nueva generación de comunicaciones requeriría “armonizar” tres bandas del espectro para este nuevo uso. La más baja es por debajo de 1 gigahertz (1.000 MHz), pero las otras dos deben ser superiores. La más alta debe estar por encima de los 6 GHz y, de acuerdo con el informe del MinTIC, los acuerdos y previsiones de diferentes países llegan incluso a 40 GHz y se han contemplado hasta 86 GHz.

Por tanto, las ondas de 5G entran en las categorías de UHF (ultra alta frecuencia), SHF (superalta frecuencia) y EHF (extremadamente alta frecuencia). Al aumentar estos ciclos, disminuyen las longitudes. Respectivamente, estas son decimétricas (10 cm a 1 m), centimétricas (1 a 10 cm) y milimétricas (1 a 10 mm). O sea que el “estudioso” Icke está mal sintonizado.

Además, el exfutbolista ignora que algunas de esas frecuencias ya tienen o han tenido otros usos. Por ejemplo, el documento del Ministerio de las TIC informa que la telefonía móvil y la televisión tienen presencia en el rango de 614 a 698 MHz en Colombia.

El conspiracionista tampoco acierta sobre el supuesto daño que producen estas ondas electromagnéticas. Como ya lo han verificado Colombiacheck (varias veces), Ellinika Hoaxes en Grecia, Maldita en España y la BBC en Reino Unido, entre otros, los campos electromagnéticos a los que las personas se exponen con la telefonía móvil son de baja intensidad y la evidencia científica apunta a que no tienen las consecuencias sobre la salud humana que la pseudociencia les atribuye.

La OMS y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) están entre quienes coinciden en que las ondas de la telefonía móvil son seguras. “Es crucial notar que las ondas de radio son mucho menos energéticas que incluso la luz visible que experimentamos cada día”, le dijo el físico David Robert Grimes a la BBC para un reportaje publicado en julio de 2019.

Incluso la Comisión Internacional de Protección de Radiación No Ionizante dice que “los efectos agudos y de largo plazo de la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia debida al uso de teléfonos móviles ha sido extensamente estudiada sin mostrar ninguna evidencia concluyente de efectos adversos en la salud”. El profesor Rodney Croft, doctor en Psicología vinculado a esa institución y a la Universidad de Wollongong (Australia), también le dijo a la agencia AFP que “no hay ningún efecto adverso en la salud causado por la exposición a 5G”.

Otra vez, queda demostrada la falsedad de la teoría de Icke. Pero hay más.

C.: “Al presentar su teoría sobre las redes 5G y la segregación de exosomas en el cuerpo humano, componentes que detectan los test de Covid-19 para dar positivo, entonces Icke se pregunta, lacónicamente: ¿Dónde fue la primera ciudad que se desplegó el 5G antes de que el virus apareciera? Wuhan es la respuesta. Y acusa que durante el confinamiento, en varios países las antenas de esta superred siguen siendo instaladas a gran velocidad. Las millones de antenas que se instalarán en América están conectadas a través de de campos electromagnéticos con los satélites del espacio (muchísimos lanzados por el millonario yanqui Elon Musk), entonces, ¿qué es lo que están creando?”.

Esta supuesta relación entre Wuhan, la ciudad de China donde se originó el primer brote de COVID-19, y la tecnología 5G ya ha sido desmentida por Colombiacheck al menos dos veces. La capital de la provincia Hubei es apenas una de las 18 ciudades del país asiático donde se iniciaron los pilotos de tecnología 5G y su cobertura todavía no estaba completa ni siquiera en abril pasado, mientras que la nueva enfermedad respiratoria fue detectada a finales de 2019.

El virus, entre tanto, ha llegado a todo el planeta mucho más rápido que la infraestructura para esta nueva red de comunicaciones. No hay ni siquiera correlación entre las dos cosas, mucho menos se puede decir que una pueda ser la causa de la otra.

El proyecto Starlink del magnate Elon Musk, que busca llevar internet satelital de alta velocidad a áreas remotas del planeta, sí existe y ha sido cuestionado en la comunidad científica por otras razones. Sin embargo, también está apenas en su primera etapa de instalación en el norte de Estados Unidos y Canadá. Por tanto, tal como verificó Mala Espina Check en Chile, no tiene nada que ver con la pandemia ni con Wuhan.

C.: “El 5G a 60 Ghz hace que la sangre del cuerpo humano no pueda absorber oxígeno. Si a alguien lo golpean 60 gigahercios de frecuencia, no será capaz de absorber suficiente oxígeno, colapsará en el medio de cualquier calle y esos síntomas son exactamente lo que un doctor de Nueva Zelanda describió cuando vio a un paciente con el supuesto Covid-19 cayéndose redondo en Wuhan”.

Aquí, Icke da más detalles sobre cómo supuestamente las ondas electromagnéticas de la tecnología 5G afectan la salud, lo que ya desmentimos antes. Es tan improbable el supuesto efecto de esa radiación en la capacidad de la hemoglobina de unirse a las moléculas de oxígeno y transportarlas a los diferentes órganos del cuerpo (el argumento detrás de las afirmaciones), que ni siquiera se han hecho estudios experimentales al respecto.

Así lo señala el bioquímico sueco Mats-Olof Mattsson, profesor de la Universidad de Viena, entrevistado por el portal Science Feedback para un chequeo sobre esa misma idea. Conforme la longitud de onda disminuye, la capacidad de penetración en el cuerpo también es menor. Una frecuencia de 60 GHz es EHF, milimétrica, “así que prácticamente no puede atravesar más allá de la piel”, explica el científico.

C.: “¿Y cómo se puede instalar un chip o varios en las personas sin que esta se niegue? [sic] Para el inglés, no quedan dudas, será a través de una vacuna. Esa es la gran respuesta. Estos nanochips, más diminutos aún que el mismo virus, se introducirán en el cuerpo y actuarán como antenas para los satélites”.

Por supuesto, el cierre de la teoría no podía ser otro que el famoso chip que supuestamente va a ser instalado por medio de la vacuna contra el coronavirus. Esta otra falsedad ya ha sido también desmentida por Colombiacheck y sus colegas de Newtral (España) y Animal Político (México), entre otros.

De modo que Icke se ha dedicado a difundir por televisión e internet una serie de mentiras sobre la pandemia, con la validación del programa de entrevistas al que fue invitado y otros medios que lo presentan como un supuesto hombre dedicado a estudiar los hechos, comparable a grandes genios incomprendidos de la historia.

[Actualización 8 de julio de 2020, 4:30 p.m.]

Al día siguiente de publicar esta nota, un lector nos compartió la verificación de Reuters sobre la cita apócrifa del inventor de las pruebas PCR, Kary Mullis. Con base en esa información y algunos datos adicionales, escribimos dos párrafos sobre el verdadero origen de la frase y su relación con el negacionismo del VIH.

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Jueves, 23 Julio 2020

La sensación de agobio que a veces pueden provocar los tapabocas no significa que causen hipoxia

Por Maldita Ciencia

Son barreras físicas contra aerosoles y gotas de saliva, no para el oxígeno o cualquier otro gas, cuyas moléculas tienen un tamaño mucho menor.

Este artículo fue publicado originalmente por Maldita Ciencia de Maldita.es el 19 de julio de 2020. Este contenido es reproducido aquí como parte de #CoronaVirusFacts, un esfuerzo global liderado por la International Fact-Checking Network, IFCN (de la cual Colombiacheck es miembro), para combatir la desinformación al respecto del brote de coronavirus en el mundo.

A medida que nos vamos acostumbrando al uso de los tapabocas se nos va haciendo más fácil llevarlos durante periodos de tiempo más largos y notamos menos molestias. Aun así, hay gente que sigue sintiendo cierto agobio cuando lo lleva puesto, especialmente si al tapabocas le sumamos el calor, subir una cuesta o cargar cierto peso.

Precisamente por esa sensación de agobio, mucha gente se plantea si no serán en realidad un problema para la salud porque nos impiden respirar correctamente. De hecho circulan muchas desinformaciones antitapabocas que aseguran que estos causan hipoxia, es decir, una reducción de los niveles de oxígeno en la sangre. Esto no es verdad: no hay ninguna evidencia científica de que los tapabocas causen hipoxia, y cierta sensación de agobio o sofoco no significa que se reduzca el nivel de oxígeno en nuestra sangre. Os lo explicamos.

Los tapabocas filtran partículas, no gases

Ya hemos desmentido en Maldita Ciencia que el uso de los tapabocas cause hipoxia (aquí). Y también desmentimos los vídeos compartidos en la redes sociales que midiendo supuestamente el nivel de oxígeno dentro de un tapabocas intentan demostrar, equivocadamente, que nos hacen respirar menos oxígeno (aquí y aquí).

Aquí ya explicamos que los tapabocas filtran partículas, no gases. Es decir que, aunque puedan retener el vapor de agua, dejan pasar el O2 hacia dentro y el CO2 hacia fuera para que respiremos sin problemas. En palabras de Fernando Usera, investigador del Servicio de Bioseguridad del Centro Nacional de Bioseguridad (CNB-CSIC), los tapabocas son “barreras físicas contra aerosoles y gotas de saliva, no para el oxígeno o cualquier otro gas, cuyas moléculas tienen un tamaño mucho menor”.

Con los tapabocas más filtrantes puede costar un poco más respirar 

Pero entonces ¿a qué se deba esa sensación de sofoco que todas y todos hemos sentido llevando esta protección?

“Lo que sabemos”, dice Xavier Muñoz Gall, del Servicio Neumatología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y de la Sociedad Catalana de Neumología, “es que efectivamente las mascarillas [tapabocas] incrementan el trabajo respiratorio. Y que este trabajo es proporcional a la mayor filtración de la mascarilla. Así que, de menos a más, primero serían las mascarillas quirúrgicas, luego las FFP2 y finalmente las FFP3”.

Según Usera, un componente importante de la sensación de agobio que pueden provocar los tapabocas, que él admite sentir a veces también, puede ser “psicológico” y aconseja de vez en cuando quitarse la mascarilla en una situación donde haya suficiente distancia y en un sitio ventilado y “tomar un breve descanso” antes de volvérsela a poner. 

La maldita Arancha Santos Bertrán de Lis, médico que nos ha prestado sus superpoderes, recuerda que “la mascarilla puede resultar incómoda pero no requiere un gran esfuerzo respiratorio que pueda llevar al agotamiento. La sensación de ahogo que de vez en cuando podamos sentir puede ser debida a la propia incomodidad, a la ansiedad, al calor, o a la sensación de claustrofobia”.

Además, Marián García, farmacéutica y divulgadora, recuerda que los tapabocas tipo FFP2 o KN95, al tener un mayor ajuste facial y ser más oclusivos pueden resultar más incómodos para algunas personas. “Una mascarilla quirúrgica o higiénica suele ser más agradecida en este sentido”, indica.

Si causasen una bajada de oxígeno, el personal sanitario estaría muy afectado

Según el neumólogo Muñoz Gall, “lo que es muy dudoso es que el oxígeno pueda bajar por el uso de mascarillas”. Nos indica que solo hay un estudio de 2008 que observó 53 cirujanos y cirujanas en Kırıkkale y Estambul, en Turquía. “Este estudio demuestra que, durante la primera hora de la intervención, la saturación de oxígeno en la sangre (SaO2) puede bajar un poco, pero que después se recupera y se mantiene durante el resto de las intervenciones sin cambios”, dice.

Ya os hablamos de este mismo estudio aquí, donde explicábamos que de hecho no había evidencias que demostrasen que la bajada de oxígeno en la sangre de los cirujanos se debiese al uso de mascarillas. Los propios investigadores reconocían que no sabían si podría deberse “a la mascarilla o al estrés de la intervención”.

Muñoz Gall nos recuerda que “en todo caso, el beneficio de llevar una mascarilla es mucho más importante que las mínimas bajada de oxígeno que supuestamente su uso podría comportar, y más sabiendo que son puntales y se recuperan sin quitársela”.

“Si fuera cierto [que los tapabocas causan hipoxia], los cirujanos que intervienen durante varias horas, estarían muertos y no solo cansados”, apuntaba a Maldita Ciencia María Elisa Calle, experta en Epidemiología y Salud Pública y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Lo mismo señalaba Usera: “las mascarillas las utilizan durante muchas horas al día muchos profesionales sanitarios, y no se ha registrado nunca ningún problema de falta de oxígeno, y menos aún las quirúrgicas. Si causaran hipoxia, todo el personal sanitario estaría enfermo”.

Los tapabocas tienen que superar test de calidad que certifican que se puede respirar correctamente con ellas puestas

Además, como recuerda la investigadora ambiental Maria Cruz Minguillón del Instituto Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC“a las mascarillas quirúrgicas se someten a pruebas de resistencia a la respirabilidad, una medida que garantiza que se puede respirar adecuadamente con ellas puestas y que por tanto la resistencia al paso de los gases es adecuada. El oxígeno obviamente es un gas y por tanto con una mascarilla de este tipo se puede respirar perfectamente”.

Por otra parte, añade esta científica, a las mascarillas FFP2 y FFP3 se las somete a un test de concentración de CO2 en el aire inhalado según la norma EN149. Esto está directamente relacionado con la cantidad de O2 que puede haber. Dichas mascarillas cumplen con los requisitos de la norma y por tanto aseguran que se pueda respirar adecuadamente al llevarlas”.

Primera fecha de publicación: 8 de julio de 2020.

En este artículo ha colaborado con sus superpoderes la maldita Arancha Santos Bertrán de Lis, médico.