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Falso

Miércoles, 31 Marzo 2021

No, el 30 % de los vacunados no morirán en pocos meses

Por Mónica Ospino Orozco

Una pieza viral, basada en afirmaciones de tres reconocidas figuras de la desinformación contra el COVID-19, asegura que las vacunas ARNm destruirán nuestros pulmones y causarán millones de muertes. Comprobamos que todo es falso.

Las redes sociales son el vehículo más usado para promover mensajes que buscan infundir miedo a la inmunización contra el COVID-19 que hoy se adelanta en gran parte del mundo y que en Colombia ya sobrepasa las dos millones de dosis aplicadas, según el más reciente reporte del Ministerio de Salud, con corte al 30 de marzo de 2021. 

En Colombiacheck le pusimos la lupa a esta pieza que ya se ha hecho viral en Facebook, Twitter y redes de mensajería instantánea como Telegram y WhatsApp, y en la que se mezclan los nombres de tres prominentes “figuras” del movimiento antivacunas con teorías conspirativas acerca de los efectos de éstas.

El título de la pieza viral es: “El 30 % de los vacunados morirán en pocos meses”. Y a continuación se despliega una teoría según la cual “las vacunas con ARNm serán utilizadas para la despoblación en los próximos 3 a 6 meses (julio de 2021)”.

La gráfica está acompañada de una fotografía de la médica osteópata estadounidense, Sheri Tennpeny, y la cita que titula la pieza habría sido dicha por la médica francesa Alexandra Henrion-Caude, y apoyada por los postulados de Dolores Cahill, bióloga y profesora del University College of Dublin, en Irlanda. Las tres son reconocidas por haber propagado desinformaciones acerca del COVID-19.

Captura pieza viral

El texto, que contiene desinformaciones que ya hemos verificado en Colombiacheck, asegura también que “... a través de las vacunas ARN-m, existen muchos mecanismos por los cuales estas sustancias crearán caos entre las personas, pues nuestros anticuerpos destruirán nuestros pulmones y desactivarán los antimacrófagos inflamatorios y llevarán el virus al interior de la célula permitiéndole replicarse y causando la muerte de muchas personas al año de la vacuna...” (sic).

Y continúa señalando que “...no solo para el shock anafiláctico o las enfermedades cardiovasculares, sino también para las enfermedades autoinmunnes, ya que los anticuerpos de la proteína Spike comenzarán a atacar y a destruir los glóbulos rojos. Para la segunda dosis agravará la situación”, concluye.

Vacunas ARNm no crean “caos”

En Colombiacheck ya hemos publicado varias notas en las que desmentimos desinformaciones relacionadas con las vacunas que usan la tecnología ARNm (1, 2, 3) y en este explicador titulado “Cuáles son y cómo funcionan los tipos de vacunas para el COVID-19” queda claro que “en general, el ARN es una molécula frágil que se destruye apenas cumple su función. El ARN mensajero, o ARNm, es el que se usa en este tipo de vacunas génicas, las células normalmente lo usan como ‘mensajero’ para llevar la receta traducida del ADN a los ribosomas que están en el citoplasma y así darles la instrucción de producir las proteínas que necesita para su funcionamiento diario, proteínas que necesitamos para pensar, caminar, movernos y vivir”.

 “Entonces, estas vacunas funcionarían introduciendo en nuestras células ese fragmento de ARNm con información del SARS-CoV-2 que lleva las instrucciones de cómo producir la proteína S de la corona del virus. Al entrar en las células, el ARNm llega a los ribosomas y es leído para que la célula produzca las proteínas del virus sin necesidad de estar en contacto con él”. 

Además, esta misma pieza que circula en redes ya fue verificada por nuestros colegas españoles de Maldita.es, quienes en su chequeo encontraron que “la Agencia Europea del Medicamento (EMA), en su recomendación para autorizar la comercialización de vacuna de ARN de Moderna, también indica que el ARN mensajero de la vacuna no permanece en el cuerpo: Cuando una persona recibe la vacuna, algunas de sus células leerán las instrucciones del ARNm y producirán temporalmente la proteína de pico. El sistema inmunológico de la persona reconocerá esta proteína como extraña y producirá anticuerpos y activará las células T (glóbulos blancos) para atacarla”. 

Y agrega: “Si, más adelante, la persona entra en contacto con el virus SARS-CoV-2, su sistema inmunológico lo reconocerá y estará listo para defender al cuerpo contra él. El ARNm de la vacuna no permanece en el cuerpo, se descompone poco después de la vacunación".

Así que no es cierto que estas vacunas produzcan caos en el cuerpo, pues el ARNm es de corta duración y se destruye una vez cumple su cometido en el cuerpo.

No destruyen los pulmones

Otra de las falsas afirmaciones de la pieza viral, objeto de este chequeo, es la que dice que estas vacunas destruirán “nuestros pulmones desactivarán los antimacrófagos inflamatorios y llevarán el virus al interior de la célula permitiéndole replicarse”.

Sin embargo, nada de esto es cierto, pues como cita Maldita.es en su chequeo, “para afirmar esto, Tenpenny se basa en estudios sobre el desarrollo de vacunas para los virus responsables del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) que no están relacionados con la COVID-19”.

Y agrega: “A este respecto, según el virólogo Pepe Alcamí, en el caso del SARS se observó en modelos experimentales que algunas vacunas (que no eran de ARNm ni de adenovirus) provocaban pulmonías más graves cuando los animales eran posteriormente infectados. Esto se debía a que se produjo una respuesta celular de perfil Th2”.

Por lo tanto, concluyen nuestros colegas de Maldita, “la afirmación de Tenpenny carece de evidencias. Los estudios en los que se basa para hacer su afirmación no tienen relación con el virus de la COVID-19. Además, las vacunas de ARNm contra esta enfermedad han demostrado generar respuestas sanas, según señala Alcamí: Es decir, las vacunas generan anticuerpos neutralizantes y respuestas de tipo Th1".

No causarán la muerte del 30 % de los vacunados

Sobre la supuesta mortalidad que causarán las vacunas también ya hemos redundado en Colombiacheck, pues son varias las verificaciones al respecto (1, 2, 3) y en particular la claridad frente a la afirmación de que en unos meses el 30 % de los vacunados morirá, en este explicador queda desmentida.

Pues “las vacunas contra COVID-19 demostraron ser seguras. Esa es la primera pregunta, y la más importante, que también se hicieron los científicos al diseñarlas y probarlas, ya que la seguridad es la máxima prioridad en las vacunas, y eso no fue diferente para las del COVID-19. Antes de que cada una de las candidatas a vacuna fuera aprobada para su uso por el público en general, debió pasar por un proceso cuidadoso y riguroso de al menos tres fases, incluyendo el estudio en miles de voluntarios”.

Agrega dicho explicador: “Las vacunas contra COVID-19, como la de Pfizer/BioNTech, Moderna, Astrazeneca, Sputnik V, sólo recibieron la autorización para uso en la población general hasta que todos esos datos de seguridad, recopilados en las investigaciones, fueron revisados ​​a fondo por ojos externos de las agencias reguladoras como la Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) o la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) y la OMS”. 

Así que reiteramos que no es cierto que haya tal programación en las vacunas contra el COVID-19 para provocar la muerte de millones de personas; las evidencias científicas disponibles demuestran lo contrario.

Con todas estas evidencias calificamos como falsa la pieza que se ha hecho viral y que lo que busca es confundir, dar información engañosa e infundir miedo.

 

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Sábado, 30 Mayo 2020

Las emisiones de CO2 sí se han reducido en un 8% en los primeros cuatro meses de 2020 debido al confinamiento por el COVID-19

Por Laura Castaño Giraldo

El Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima, con sede en Noruega, confirma a través de un estudio revisado por pares que las toneladas de CO2 en la atmósfera se redujeron entre enero y abril.

En Twitter empezó a circular un video con varias afirmaciones provenientes del “Centro Internacional en el Estudio del Cambio Climático”, relacionadas con la reducción de las emisiones de CO2 en el planeta como consecuencia de las medidas de confinamiento adoptadas por los diferentes países. 

Como eran varias, decidimos hacer de este un chequeo múltiple en el que las verificamos una por una. 

Empezamos por buscar la página oficial de la institución que supuestamente lo dijo para ver si, en realidad, se había pronunciado al respecto. 

La encontramos. Sus siglas en inglés son CICERO y corresponden al Center for International Climate Research (Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima), que es “el instituto más importante de Noruega para la investigación interdisciplinaria sobre el clima”. 

En su buscador pusimos palabras, en inglés, relacionadas con nuestra investigación, como ‘CO2’, ‘disminución’ y ‘COVID-19’, y dimos con una nota de prensa del 19 de mayo de 2020 titulada “Las emisiones globales de CO2 disminuyeron un 17% en medio del cierre por coronavirus”. En ella se resumen los resultados que se muestran en un artículo de investigación que publicaron los científicos Glen Peters y Robbie Andrew, bajo la dirección de la profesora Corinne Le Quéré, de la Universidad de Anglia del Este, en la revista científica Nature Climate Change. 

Optamos por poner nuestra atención en este artículo científico porque, como lo señala el CICERO, “este es el primer estudio revisado por pares sobre los efectos de los cierres por coronavirus en las emisiones de CO2”.

Con esto, revisamos varias de las afirmaciones que se hacen en el video:

“La reducción en la emisión de dióxido de carbono de todo el planeta, que generó la pandemia de COVID-19, ha sido del 8% en solo 4 meses”.

CALIFICACIÓN

Esto lo calificamos como verdadero, pero, pues las cifras son correctas pero hay que tener en cuenta algunos aspectos contextuales.

Lo primero es que el análisis “se realizó en 69 países, 50 estados estadounidenses y 30 provincias chinas, que representan el 85% de la población mundial y el 97% de las emisiones mundiales de CO2” (p.2). Esto significa que el análisis sacó una conclusión general al afirmar que las emisiones de CO2 se redujeron en todo el planeta porque revisó la mayoría de las fuentes, pero no hay que olvidar que un 3% de estas fuentes quedó por fuera del estudio.

Lo segundo es que es cierto que hubo una reducción del 8% en las emisiones de CO2, si se comparan los primeros cuatro meses de este año, con los mismos meses de 2019. El artículo explica que “la variación total de las emisiones hasta finales de abril se estima en -1.048 millones de toneladas de CO2, lo que equivale a una disminución de -8,6% respecto a enero-abril de 2019” (p.4). Es decir, el porcentaje sí corresponde, siempre y cuando lo comparemos con los datos del primer cuatrimestre de 2019. 

Recordemos también que esa cifra nace de analizar en conjunto las emisiones de CO2 desde enero hasta abril de 2020. Pero el resultado es distinto si miramos los datos de las emisiones diarias durante esos cuatro meses. En ese caso, “la caída más alta se observó el 7 de abril, cuando las emisiones diarias disminuyeron un 17% en comparación con la media diaria de 2019”, resume la nota de prensa.

En este video, Glen Peters, director de investigaciones del CICERO, explica las cifras y otros aspectos que hicieron parte de los hallazgos:

“Esto podría ayudar a modificar la inercia que actualmente conduce al planeta a una elevación sin control de la temperatura”. 

CALIFICACIÓN

No encontramos esta frase en el artículo ni en ningún otro comunicado del CICERO. Tampoco en sus redes sociales.

Lo que sí hallamos son algunos apartados que afirman que los cambios que se han presentado por el COVID-19 no son suficientes para generar un impacto significativo en las emisiones de CO2 y en la temperatura de la Tierra. 

Según el texto, “el trauma social del confinamiento y los cambios asociados podrían alterar la trayectoria futura de manera impredecible” pero las respuestas sociales por sí mismas “no impulsarían las reducciones profundas y sostenidas necesarias para alcanzar las emisiones netas cero” (p.6). 

En ese sentido, “es probable que la mayoría de los cambios observados en 2020 sean temporales, ya que no reflejan cambios estructurales en los sistemas económicos, de transporte o energéticos” (p.6).

Además, añade el texto, “la disminución anual asociada será mucho menor, comparada con las tasas de disminución necesarias, año tras año, en las próximas décadas para limitar el cambio climático a un calentamiento de 1,5 ºC” (p.6). 

Sin embargo, “existen oportunidades para poner en marcha cambios estructurales mediante la aplicación de estímulos económicos alineados con vías de baja emisión de carbono” (p.6).

Teniendo en cuenta lo anterior, consideramos que la afirmación es cuestionable, porque si bien hay unos cambios significativos en las emisiones de CO2 a causa del COVID-19, no bastan para “modificar la inercia que actualmente conduce al planeta a una elevación sin control de la temperatura”. 

“El Centro Internacional en el Estudio del Cambio Climático, con sede en Noruega, señaló que esta circunstancia es única e irrepetible”. 

CALIFICACIÓN

Nuestra calificación aquí es verdadero pero porque, a pesar de no haber encontrado la frase exacta en el texto (ni en ninguna otra vía de comunicación del CICERO), sí hallamos una idea similar que sostiene que la disminución del 17% de las emisiones diarias de CO2 por el confinamiento severo “es extrema y probablemente nunca vista antes” (p.6). 

“La Agencia Internacional de Energía advirtió que la disminución de las emisiones no podrá ser permanente. Por eso es necesario “reiniciar la economía a partir de una infraestructura energética más limpia cuando termine el confinamiento por la pandemia”. 

CALIFICACIÓN

Hicimos una búsqueda avanzada en Twitter y en Google para ver si efectivamente la Agencia Internacional de Energía, más conocida como International Energy Agency (IEA), hizo esa advertencia y propuso dicha recomendación, pero no obtuvimos resultados.

Pusimos la lupa en el apartado de emisiones de CO2 en el informe de la Revisión Energética Mundial 2020 (Global Energy Review 2020) y tampoco encontramos que la IEA haya dicho que la disminución de las emisiones no podrá ser permanente, pero sí especificó que “no solo se prevé que las emisiones anuales en 2020 disminuyan a un ritmo sin precedentes, sino que la disminución será casi el doble de todas las caídas anteriores, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, combinadas”. 

Y en cuanto a la necesidad de “reiniciar la economía a partir de infraestructura energética más limpia” para ayudar a que la disminución de las emisiones sea prolongada, el ministro del Clima, Energía y Utilidades de Dinamarca, Dan Jørgensen, y el director ejecutivo del IEA, Dr. Fatih Birol, escribieron un comentario en la página del IEA en donde afirman que “lo que importa es poner las emisiones en declive estructural. Para eso, necesitaremos energía limpia para desempeñar un papel central en los esfuerzos de recuperación.”

Asimismo añaden en el texto que es necesario “hacer que los pilares clave de las transiciones energéticas - como la eficiencia energética, las energías renovables y el almacenamiento de pilas - sean las principales prioridades para la creación de empleo, la mejora de las infraestructuras críticas y el impulso de la innovación”.

Esta misma perspectiva la tienen los investigadores del CICERO, pues en el artículo dicen que “al igual que después de las crisis anteriores, la recuperación de las emisiones puede ser mayor que la disminución, a menos que la ola de inversiones para reactivar la economía se dedique a una infraestructura energética más limpia y más resistente. 

Esta última parte del chequeo la calificamos como verdadera pero, pues a pesar de que no se especifica que la disminución en las emisiones de CO2 no será permanente, se habla de la necesidad de implementar formas limpias de producción energética para poner esas emisiones en un “declive estructural”.